2010 – Descenso | Intervalo – Mauricio Carmona – Museo de Antioquia – Medellín, Colombia

Descenso Intervalo: una muro-grafía en el espesor de la pared

“(…) al comportarnos pintamos el cuadro del mundo en que vivimos, un mundo
que sólo puede existir como Espacio pintado en algún cuadro, en algún
comportamiento, en algún símbolo, que sólo adviene a la existencia
disfrazándose con algún hábito, poniéndose la vestimenta de alguna afección.”
José Luis Pardo

Se ha dicho: del acontecimiento afectivo únicamente podemos comprender algo, cuando
consideramos los restos desprendidos en la misma conmoción erótica. Porque todo
acontecer afectivo es choque, roce, contacto, desgaste… entre dos, entre Uno y Otro que
se quieren reunir y enlazar. Cuando el deseo-pasión de juntarse lo separado (lo alejado, lo
distanciado) logra el contacto, quedan las impresiones, las huellas del encuentro.
Cada huella, cada rastro, cada resto afectivo es una pelmaza de gestos de erosión e
incorporación. Pero además, cada huella constituye un vínculo vivo, un lazo afectivo,
tripartita: es una memoria escrita mediante la cual el Uno recuerda el contacto con el
Otro, es una fantasía inscrita mediante la cual se invoca la repetición del acontecimiento,
y es una sensación mediante la cual puede experimentarse la presencia, bien del Uno,
bien del Otro. Solo en la huella habitamos, únicamente ahí es posible el sentir y ser
sentidos los distanciados que apenas nos tocamos.
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Descenso Intervalo es acaso la respuesta del arte, adecuada a un encargo: hacer
visible lo oculto del Museo de Antioquia, aproximar lo alejado. Disponer al contacto su
vida, sus gestos vivos, sus inscripciones, las huellas coreográficas no ostensibles de su
espacialidad.
Pero Descenso Intervalo también constituye la invitación (que nos hacen el artista y
el curador con sus labores) a ingresar, no solo a contemplar sino a experimentar y
comportarnos en los umbrales animados de las materias y fantasmas del Museo.
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José Luis Pardo; Las formas de la exterioridad (1992); Sobre los espacios pintar, escribir, pensar (1991).

Invitación a habitar ahí, en las huellas afectivas que reposan escondidas, o que
contorsionan esperando nuevos roces, nuevos contactos amorosos.
Desde el comienzo de su labor expuesta, el artista sabe que la vida de alguien no es
un cálculo, no es una abstracción. El Museo no es para él un objeto de estudio, no es un
hecho analítico. Es ante todo un ámbito cargado de sentidos: un interludio de vidas
impresas, del que sólo se puede leer y contar algo, con palabras y gestos de contacto,
también grabadas.
La invitación a descender es «a una inmersión», no «a una contemplación»: si
quieres considerarla y comprenderla a la vida del Museo, es necesaria una acción de
intromisión, un comportamiento generoso. Entonces, ¿qué cosa mejor que la presencia de

un provocador andamio-escalera, cercano y móvil? ¿Qué cosa mejor que un gesto re-
configurador de la madera-guacal? ¿Qué cosa mejor que una mirada introvertida de lo

extrovertido?
En esta instalación-acción no se trata de contemplar y de juzgar lo bello del Museo.
Se trata más bien de esculcar, de reconstruir, de habitar los escombros, las ruinas, los
restos del Museo, de dos maneras: presenciando una secuencia de imágenes fotográficas
de su vida oculta, estando Uno, a su vez, instalado en un uno de sus ámbitos ocultos. Y
escalando, iluminando, oscureciendo, velando,… jugando a descubrir, a escribir sobre lo ya
escrito, sobre lo enmarcado, sobre los cuadros colgados, sobre las paredes desnudas.
Descenso Intervalo es penetrar a un cuarto seductor, finalmente abierto desde el
despliegue mural de una efemérides gráfica que lo rodea (Museo de Antioquia. Hito
urbano): descender, bajar al foso, hacerse al fondo oculto pero vivo del Museo de
Antioquia. Entrar al cuarto oscuro, acceder a la tramoya de su labor de arte. Y actuar en el
espesor de un muro invaginado (adentro, inmerso en lo oculto, se re-expone, se muestra,
se le da la cara y se invita a la actuación del rebusque, del tacto,…) Entonces se esculca y
se re-escribe una muro-grafía de cuadros colgados en el obsceno ascenso-descenso del
visitante, un foto-grama de pared que redunda y repasa las espacialidades ocultas, los
interludios, en el cuarto oscuro del museo y una desnudez de pared que desvela capas
memorables.
Descenso Intervalo es una muro-grafía en el espesor de la pared que nos acoge. No
solo es escritura del muro; también es inscripción sobre el muro: impresión de nuestro
comportamiento explorador. Es la posibilidad de desalojar o de des-escribir la topometría
inerte del Museo de Antioquia, despejando su topografía viviente, al disponer nuevos
contactos en sus huellas afectivas ―recogidas, repasadas y expuestas por el artista.

Carlos Enrique Mesa González
Medellín, 30 de Marzo de 2011

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